Cita de la semana

miércoles, 24 de febrero de 2010

Capítulo 2. 3ª Parte

Llegó el día tan esperado, el viernes. Pura despertó y, sin poder olvidar todos sus años al servicio de la Devoción de Tocina, se vistió y fue a despertar a las niñas.
Cayetano había salido temprano de cacería, Concha aún dormía... decidió no despertala, siempre se ponía de muy mal humor cuando la despertaban. Manolita se estaba peinando y Mari Nieves dormía dulce y plácidamente todavía aunque los rayos de luz que entraban por la ventana ya estaban comenzando a despertarla.
Pura avisó a las niñas de que se vistieran rápido, tenían que desayunar antes de ir a la peluquería y ya era un poco tarde. Al bajar a la cocina, don José, como todas las mañanas esperaba el desayuno mientras leía el periódico y tomaba un carajillo.
Las niñas tomaron el desayuno apresuradamente, Pura no podía mediar palabra, estaba muy triste.
Tras tomar el desayuno salieron rápidamente en dirección a la peluquería. Allí se llevaron el resto de la mañana, volvieron al mediodía y, cansadas, tomaron el almuerzo. Tras esto subieron a su habitación.
Mari Nieves, inquieta, le preguntó a Manolita si sabía ago más de su Paco,pero ella, triste, le respondió que lo último que sabía de Paco era lo que éste le había contado en la carta. Mari Nieves sonreía levemente al recordar la carta.

Gracita miró el reloj. Eran las siete y media de la tarde, se acercaba la hora del banquete y, como siempre, se le había hecho tarde. "Demasiado trabajo atrasado..." pensó.
Cogió la ropa apresuradamente y se encaminó a darse un baño.
Salió de la bañera, se colocó su albornoz y empezó a arreglarse. En esas, Cayetana llamó a la puerta; las amigas de Gracita la estaban esperando.

-¡Gracita date prisa! Están aquí tus amigas- dijo llamando a la puerta.

-Mamá diles que se vayan que ya voy yo más tarde- dijo terminando de arreglarse la melena y empezando a pintarse la cara.

-Bueno, pero me han dicho que no les importa esperar.

-¡Qué se vayan!- dijo sobresaltada-. Ea, ya se me ha caído el lápiz de ojos por tu culpa.

-Gracita no me levantes la voz- dijo su madre tras la puerta.

-Perdona mamá, pero es que a veces me pones de los nervios.

-Anda, date prisa, que ya estamos todos arreglados, menos tú y tu hermano Paco que todavía no ha llegado de la montería... Bueno, nos vamos todos, no tardes.

Justo en ese momento, llegó Paco, había tenido una buena montería.Regresaba con las botas llenas de barro, el pelo revuelto y una barba de tres días.
Entró por el patio trasero, se quitó las botas y se introdujo en la casa. Hacía mal tiempo y parecía que iba a llover.
Al entrar se encontró con Gracita a medio arreglar que salía de la sala de baño.

-¿Ahora llegas?- le preguntó.

-Sí, como la montería estaba entretenida se me ha hecho tarde.

-Mira las pintas de guarro que me traes, anda... ¡¡VE Y BÁÑATE!!

-Anda, déjame y termina de arreglarte.

-¿Te espero? Ya se han ido todos.

-Sí, me voy contigo.

Mientras tanto, en la calle Soledad,Mari Nieves salía de casa con un vestido negro y una trenza jerezana, iba radiante, Concha se quedó mirándola con coraje, sus ojos verdes llamaban poderosamente la atención de Concha, al igual que todo aquel que los miraba. Mientras don José iba hacia los salones charlando animadamente con la galardonada, Pura, Mari Nieves se retrasó con su prima. Ésta le aseguró que haría todo lo posible para que ella y Paco se sentaran juntos en la cena.

Nada más llegar los Márquez de Tejada comenzó el ágape y, entre pitos y flautas, Mari Nieves buscaba con la mirada a su Paco, pero no lo encontraba. Ya inquieta,vio entre las cabezas a Gracita e intuyó que Paco no debía estar muy lejos.

Todo transcurría normalmente, los jóvenes intentaban seducir a Mari Nieves pero ella, como siempre, los rechazaba elegantemente.

Pasaron unos instantes que para Mari Nieves parecían horas y por fin vio a Paco a lo lejos. Hacía tiempo que no lo veía tan guapo, llevaba una chaqueta clara y, por lo que se veía, charlaba animadamente con Gracita y sus amigas; eso sí, siempre con una cerveza en la mano. Paco miraba a todos lados, se veía que buscaba a alguien y por eso, se distraía de la conversación constantemente.
Gracita, que se dió cuenta mirándolo de reojo, decidió tomar cartas en el asunto, se llevó a Paco a un lugar más íntimo con la excusa de que Cayetana les estaba llamando:

-Paco, ya está bien- dijo muy seria.

-¿Qué quieres decir con eso?- dijo Paco extrañado por la brusquedad de su hermana.

-Por favor, no nos des la noche.

-Déjame.

-Te estás pasando, ¿eh?- dijo disgustada-. Haz lo que te dé la gana.

Volvieron con las chicas y Gracita que no podía quedarse con las manos quietas, en ese momento, vio que Mari Nieves iba al baño.
Gracita se excusó nuevamente de la conversación, ésta vez puso como excusa que iba a por una copa de manzanilla y se hizo un hueco entre la multitud hasta llegar al aseo... cerró la puerta e inició una conversación con Mari Nieves:

-Tú eres Mari Nieves...¿Verdad?- dijo simpática.

-Sí... tú eras... Gracita, de los Liñanes ¿no?.

-Sí, tu cuñada.

-¿Perdona?

-No te cortes, Paco me lo ha contado todo.

Mari Nieves se había quedado blanca, aquello era algo que no esperaba.

-Por favor, déjame pasar- dijo Mari Nieves intentando salir.

-Solo quiero hablar contigo, sé que eres una buena muchacha. Te lo veo en los ojos.


Con Cariño
Paco y Mari Nieves.

3 comentarios:

  1. Señores lean y aprecien más de la mitad de nuestra mañana

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  2. ¿Y los comentarios? Como esto siga así me veo en la obligación de dejar de escribir. Lo siento pero esto no puede seguir así.

    Un cordial saludo.


    M.A.Clavijo

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  3. Miguel Ángel, deberías saber que los principios son duros.

    Los escritores no se hacen de la noche a la mañana, son muchos los que son rechazados una y otra vez hasta al fin lograr un éxito en ventas o, al menos, la publicación de uno de sus libros.

    No esperes aplausos a la primera, no puedes obligar a nadie a comentar, ni siquiera a leer.

    Habrá opiniones de todos los colores, y tendrás que respetar tanto los halagos como las críticas.

    Y escucha bien esto: No llega a ninguna parte quien se rinde sin luchar ante el primer obstáculo.

    Que la ausencia de opiniones ahora no te haga rendirte, o demostrarás tu verdadero interés. A nada aspira quien actúa sólo en presencia de público, esperando un aplauso.

    Firma quien ahora es un anónimo. Un anónimo que no busca aplausos, no quiere halagos y a quien quizás sepas escuchar.

    No quiero que mi nombre deje marcas en este comentario, pero si pensaras que es la cobardía la razón por la que no me doy a conocer, sólo hazlo saber y te diré quién te escribe.

    Medita este comentario escrito con mis mejores intenciones. Quizás te sea útil.

    "La paciencia es una planta amarga, pero dulces son sus frutos."

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