Mari Nieves lloraba desconsoladamente. Paco ya no sabía que hacer para animarla. Manolita le llevó una tila a su prima, ella también estaba muy afectada con la pérdida del que iba a ser su amadrinado.
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El tiempo pasa y las heridas se curan. Siete años después Mari Nieves se sentía totalmente recuperada.
Su relación con Paco estaba aún más reforzada. Las familias poco a poco habían asumido que esa relación estaba forjada, y que debido a esto era imposible separarlos. Mari Nieves empezó a entrar en la casa de Paco. Para Gonzalo, el padre de Paco, ya era algo normal verla entrar en casa; era una Márquez, pero también se hacía de querer por su simpatía. Cayetana seguía mirándola con cierto recelo.
Mari Nieves, al contrario, evitaba que Paco entrara en su casa. Él siempre se quedaba en el recibidor ya que sabía que a su suegro no le hacía mucha gracia su simple presencia. En cambio, Paco se ganó a Pura, cuando años atrás tuvo el detalle de felicitarla por sus años como Camarera de la Virgen.
Manolita, que seguía con su novio, el Cartero, ya estaba más que acostumbrada a ver a su prima con Paco por las calles del pueblo.
Concha seguía pasando de todo, incluso de su primera hija, Aroa del Carmen que no conocía ni conocería nunca a su padre, Concha no sabía quién era...
Concha acostumbraba a fastidiar y, al ver su desdicha, decidió fastidiar a Manolita, que planeaba casarse.
-Manoli, ven aquí- le dijo.
-¿Qué pasa?
-Que sepas, que un día tu novio vino a dejar las cartas y lo engatusé pero, como era tonto, le dí una patada en el culo y lo eché- dijo con una sonrisa maliciosa.
-Uuuh, que tonterías dices. Anda y cuida a tu hija que falta le hace- y pasó de largo.
El objetivo de Concha había sido truncado.
Uno de los hechos que marcó esos siete años para la familia Márquez de Tejada fue la muerte de Cayetano. Durante una montería un joven poco experimentado al intentar hacer blanco a un jabalí dio al hermano de Mari Nieves, que murió de camino al hospital.
Cuando esto llegó al pueblo Pura se aflató, Manolita se desmayó y Mari Nieves, que se acicalaba para salir con Paco, lanzó un desgarrador grito al aire que desembocó en llanto.
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Paco salió de casa. Iba a la casa de Mari Nieves, pero no quería verla a ella sino a su suegro.
Tras varios años de relación Paco había decidido dar aquel paso que marcaría sus vidas.
Llegó a la calle Soledad y llamó a la puerta de Mari Nieves. Le abrió la lsirvienta que años atrás le cerró la puerta en las narices.
-Hola, busco a don José.
-Está en el despacho.
Paco pasó al despacho, donde ya lo esperaba su suegro.
-¿Qué pasa Paco?- saludo don José.-¿Quieres algo?
-Pues sí, quiero hablar con usted.
-Pues no esperes más, dime.
Paco calló unos instantes...
-Quiero la mano de su hija.
Con Cariño Paco y Mari Nieves.
Cita de la semana
2ºB, ahora en: http://nomeapuntesmascitas2.blogspot.com
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